I.
INTRODUCCIÓN
Desde los albores de la medicina se conoce la importancia y
trascendencia de garantizar una correcta ventilación pulmonar y
oxigenación para mantener la vida. Mucho antes de la primera
anestesia por Morton en 1846, la intubación traqueal se
realizaba exclusivamente para reanimar a los pacientes con paro
cardio-respiratoria. La primera intubación oral de la tráquea
humana fue descrita por el médico Êrabe Avicena (980-1037).
Describía que una cánula de oro, plata u otro material se avanza
hacia abajo en la garganta para mantener la inspiración.
La ventilación es esencial para la vida, y su cuantía viene
determinada por las necesidades metabólicas del organismo. El
nivel de ventilación depende del consumo de oxígeno y de la
eliminación de anhídrido carbónico, y en los sujetos normales
puede presentar una extraordinaria amplitud de valores, según
sean los requerimientos energéticos. Así pues, el fuelle
torácico puede movilizar desde menos de 10 litros por minuto de
aire durante el reposo hasta más de 200 litros durante el
ejercicio máximo en algunos atletas de élite. Para que esto sea
posible, es preciso que de los centros respiratorios se emita
una orden adecuada, que los músculos del tórax sean capaces de
responder, que los pulmones tengan un volumen y una
distensibilidad suficientes, que la permeabilidad de las vías
aéreas permita una correcta entrada y salida del aire, y que la
superficie de intercambio tenga las condiciones necesarias,
tanto en su cara alveolar como en la vascular. Cuando estos
mecanismos fallan, se recurre a los procedimientos de
respiración artificial. Los objetivos básicos de la ventilación
artificial son, corregir las alteraciones gasométricas que
pueden suponer una amenaza vital o que pueden derivar en
lesiones orgánicas graves e irreversibles (caso de una
encefalopatía anóxica) y reducir el trabajo respiratorio del
enfermo aportando una auténtica asistencia respiratoria. Un
“apoyo ventilatorio” (término que refleja mejor este proceso)
que en principio será total y que se irá reduciendo gradualmente
hasta su progresiva sustitución por la ventilación espontánea.
En los años setenta el único método empleado para la desconexión
de la ventilación mecánica era lo que conocemos como tubo en T,
algo tan sencillo como desconectar al paciente del ventilador y
mantener la respiración espontánea a través del tubo
endotraqueal, añadiendo un enriquecimiento de oxígeno con la FiO2
que fuera precisa (por lo general, igual o ligeramente
superior a la que se estuviera empleando en el ventilador) y un
sistema de humidificación. En esta época de los setenta se
empieza a utilizar la IMV, que podemos traducir por Ventilación
Obligada (Mandatoria) Intermitente, más perfeccionada
posteriormente en la llamada SIMV, en la que una sincronización
para evitar que la máquina inicie un ciclo obligado cuando el
paciente se encuentra en medio de uno espontáneo pero que
básicamente mantiene el mismo principio. Pero no es este el
objetivo de este capítulo, por lo que sólo añadir que a pesar
del entusiasmo que este método suscitó inicialmente, se ha
comprobado que puede condicionar un mayor trabajo respiratorio
lo que no ayudaría en la desconexión e incluso puede que la
alargara. Resulta entonces que volveríamos a usar métodos como
el tubo en T.
Otro método útil para abordar la desconexión de la ventilación
mecánica es la Presión de Soporte, que para algunos autores es
superior al tubo en T y a la SIMV. Este método nos permite
ofrecer un soporte ventilatorio casi total hasta uno mínimo en
función del soporte que utilicemos. Se ha establecido que
niveles bajos de soporte (5-8 cm. de H2O), podrían
ser los adecuados para vencer la resistencia impuesta por el
tubo endotraqueal, de modo que un paciente que fuera capaz de
mantener la ventilación bajo estos niveles de presión de soporte
podría ser extubado.
Para plantearnos el inicio de la separación del ventilador
debemos tener en cuenta distintos factores. El paciente ha de
estar consciente, tranquilo y debe presentar un buen nivel de
coloración. Evitaremos, por tanto en esta fase una sedación
excesiva y emplearemos sólo aquella que procure confort al
enfermo. No debe tener fiebre, lo que aumentaría el consumo de
oxígeno y, como consecuencia el trabajo respiratorio. El estado
hemodinámico debe ser estable, permitiéndose la administración
de fármacos vasoactivos aunque debemos valorar con cautela el
efecto que la desconexión del ventilador puede tener sobre la
situación cardiocirculatoria, ya que en caso de mala función
ventricular, la desconexión del ventilador puede favorecer la
aparición de un fallo cardíaco. La causa que provocó el episodio
de insuficiencia respiratoria debería estar resuelta o al menos
en avanzada fase de resolución. Idealmente, debería presentar un
estado nutricional adecuado. Además existen unos criterios
fisiológicos y de mecánica pulmonar que debería cumplir y que
serán expuestos más adelante en este capítulo.
Una vez iniciado el destete por el procedimiento seleccionado
debemos observar al paciente cuidadosamente y estar atentos a
las posibles manifestaciones que pusieran de relieve la
aparición de complicaciones. La instauración de una respiración
paradójica, el empleo de la musculatura accesoria y la
sudoración profusa indicarán el aumento del trabajo
respiratorio. Debemos valorar en todo momento la SaO2,
la frecuencia respiratoria y cardiaca. El control de
gases, a ser posible arterial, debería realizarse a los 30-60
minutos tras la extubación. Se recomienda un ensayo diario corto
de desconexión (una hora) e ir aumentando progresivamente estos
periodos hasta que el paciente sea capaz de respirar
espontáneamente durante 2-3 horas sin problemas para proceder a
la desconexión definitiva. En caso de que hagamos esto, debemos
dejar siempre descansar al paciente durante la noche,
suministrándole el apoyo ventilatorio que necesite y que le
permita dormir y descansar.
Si con frecuencia se dice que la desconexión de la ventilación
mecánica es más un arte que una ciencia, ese dicho es
especialmente aplicable a los pacientes con insuficiencia
respiratoria crónica, por lo que en estos casos no se puede ser
dogmáticos. Cuando las características del enfermo hacen difícil
la desconexión, debemos considerar el destete prolongado como un
proceso de rehabilitación, donde los músculos respiratorios han
de acomodarse progresivamente al trabajo que venían realizando
antes del episodio agudo. Y como tal proceso de rehabilitación,
debemos considerar al paciente en su conjunto atendiendo no sólo
a los aspectos respiratorios, sino a los de otros sistemas, por
lo que es imprescindible el trabajo en equipo.
II. DIFERENCIAS ANATOMICAS Y FISIOLOGICAS EN LA VIA AEREA DEL
NIÑO RESPECTO AL ADULTO.
1.
VÍA AÉREA
SUPERIOR.
El tracto respiratorio se inicia con las cavidades oral y nasal
formando la faringe, la faringe se conecta al esófago y a la
laringe, la laringe se continúa dentro del tórax en forma de una
estructura cilíndrica llamada tráquea, la cual se divide en
bronquios derecho e izquierdo. El bronquio continúa dividiéndose
aproximadamente 23 veces más, hasta los bronquios y los alvéolos
terminales. La laringe esta formada por cartílagos y tejido
conectivo. La glotis es el área alrededor de la cual se
encuentran las cuerdas vocales, el área subglótica es aquella
que se encuentra directamente debajo de las cuerdas vocales, la
parte más estrecha de la vía aérea es el cartílago cricoides
localizado en la región subglótica de la laringe. Las cuerdas
vocales están cerradas durante la fase final de la espiración
pero se abren durante el inicio de la fase de la inspiración.
En el recién nacido la vía aérea superior es más pequeña y
anatómicamente diferente a la del adulto. La lengua es
relativamente más grande, ocupando completamente la cavidad oral
y orofaríngea. Los neonatos tienen narinas estrechas y respiran
obligadamente por la nariz, ya que la epiglotis se encuentra en
una posición alta muy cerca del paladar blando dificultando la
respiración oral. Esta condición dura hasta los 2 a 6 meses de
edad. Los neonatos tienen muy poco tejido linfoide en la vía
aérea superior. Las amígdalas y las adenoides se desarrollan
durante el segundo año de la vida y generalmente alcanzan su
mayor tamaño entre los 4 y los 7 años de edad, para finalmente
alcanzar su involución.
En el neonato, la laringe está localizada en una posición alta y
el cuerpo del hueso hioides está situado aproximadamente a nivel
del disco intervertebral de la tercera y cuarta vértebras
cervicales. A medida que crece el lactante la glotis se mueve
caudalmente. La posición alta de la epiglotis y la laringe
permite que el lactante respire y degluta simultáneamente. La
laringe también se diferencia en varios aspectos, la epiglotis
tiene la forma de una U y sobresale de la laringe en un ángulo
de 45º. Debido a que la laringe del lactante es alta y tiene una
inclinación anterior. La laringe en un niño menor de 8 a 10 años
tiene forma de un cono truncado en cuya base se encuentra su
parte más estrecha, el anillo cricoides; en contraste, la
laringe en adultos es de forma cilíndrica, siendo las cuerdas
vocales su porción más estrecha. En este principio se basa el
hecho de que en los menores de 7 a 8 años de edad, los tubos
endotraqueales preferentemente son sin manguito y el de buscar
un escape de aire a una presión de 20 centímetros de agua. Estas
dos precauciones evitan la presión excesiva sobre este anillo
rígido y con ello el riesgo de crup después de la
extubación y de estenosis
subglótica. Las cuerdas vocales del lactante se encuentran
inclinadas. Dándole a la comisura anterior una posición caudal
con relación a la comisura posterior, esto algunas veces
ocasiona que en el momento de la intubación el tubo endotraqueal
se atore en este punto.
En el lactante la dirección de la tráquea es caudal y posterior,
mientras que en el adulto es medial y recta, consecuentemente,
en el niño la aplicación de presión en el cartílago cricoides es
más efectiva y mejora la visión de la glotis. La distancia entre
la carina y las cuerdas vocales es de tan solo 4 a 5
centímetros, por lo tanto se debe tener extremo cuidado al fijar
el tubo traqueal, ya que la punta de éste puede moverse
alrededor de 2 centímetros al flexionar o extender la cabeza.
Esto pudiera ocasionar que el tubo se salga de la tráquea o se
avance hacia el bronquio derecho. 1 mm de edema en la tráquea de
un neonato reduce el radio de 2.1 a1.1 mm, aumenta la
resistencia al flujo de aire aproximadamente 25 veces.
En lactante y niños mayores el bronquio principal derecho es
menos angulado que el izquierdo. Por lo tanto, el bronquio
derecho es intubado más frecuentemente durante la intubación
endotraqueal no intencional. También el bronquio derecho es más
propenso a alojar un cuerpo extraño accidentalmente inhalado por
el niño.
Desde el punto de vista estructural, la vía aérea respiratoria
incluye tejidos blandos y elementos óseos. La cavidad bucal es
una "caja" delimitada por estructuras óseas de los maxilar
superior e inferior y está llena en cierta medida por los
elementos blandos como la "lengua" de tal forma que la relación
cavidad bucal/lengua nos puede dar una idea de la posibilidad de
obstrucción de la porción alta de las vías respiratorias. Las
anormalidades del maxilar superior e inferior pueden disminuir
el volumen de la cavidad bucal, cuando está afectada por algún
proceso patológico.
Otro componente importante es la articulación temporo
mandibular, la cual constituye la "bisagra" de la parte alta de
las vías respiratorias. La Fusión de la articulación
temporo-mandibular, congénita o adquirida a consecuencia de
algún traumatismo, esta no cambiará el acceso a la cavidad
bucal.
La última
estructura ósea por considerar es la columna vertebral, para
poder alinear los ejes laríngeos faríngeos y el oral, se
requieren de la función de la articulación atlanto-occipital,
los trastornos congénitos o adquiridos de esta estructura dan
origen a no-desplazamiento de dicha articulación y con ello
problemas para la intubación orotraqureal.
Los efectos de masa provenientes de tejidos blandos se dividen
en varias categorías, pueden ser congénitas o adquiridas, la
macroglosia, cuando llena la cavidad bucal dificulta la
visualización de la laringe, algunas otras patologías en donde
se presenta son el Síndrome de Beckwith-Wiedmann, el Síndrome de
Down, Sturge-Weber, los tumores de tejidos blandos, etc.
2. VÍA
AÉREA INFERIOR.
Durante la etapa fetal, el patrón del árbol bronquial completa
su desarrollo al final de la semana 16 de la gestación. Los
alvéolos se desarrollan más tarde e incrementan en número hasta
la edad de los 8 años, para luego solamente aumentar en tamaño
hasta que la cavidad torácica completa su desarrollo.
La gran flexibilidad de la pared torácica en los neonatos y
lactantes, aumenta el trabajo respiratorio. Esta flexibilidad es
atribuida a las costillas blandas y no calcificadas, las cuales
se articulan con la columna vertebral y al esternón en ángulo
recto. En el adulto las costillas se articulan en ángulo agudo
haciendo más eficiente la excursión de la pared torácica.
El diafragma, aunque con ciertas desventajas, es el sostén
principal de la ventilación en el neonato. Proporcionalmente
tiene menos fibras musculares tipo I, que el diafragma de los
niños mayores de 2 años, por lo que su mecanismo de contracción
es menos eficiente y se fatiga más rápidamente.
3.
RESPUESTA REFLEJA A LA LARINGOSCOPIA Y A LA INTUBACIÓN
La respuesta refleja a la intubación es una de las muchas
respuestas inespecíficas que desarrolla el organismo frente al
estrés, está mediada por el hipotálamo y comprende dos sistemas
eferentes, el sistema nervioso vegetativo y el endocrino. El
incremento en la actividad de ambos sistemas se puede apreciar
por un aumento de los niveles plasmáticos de adrenalina,
noradrenalina y dopamina como un índice de la respuesta
simpática y de beta-endorfinas como índice de la endocrina.
-
Respuesta cardiovascular.
Suele ser de breve duración y se puede manifestar por una
bradicardia sinusal mediada por el sistema parasimpático,
principalmente en niños que en adultos. Taquicardia e
hipertensión arterial mediada lógicamente por el simpático.
La liberación de la noradrenalina en las terminaciones
nerviosas de los lechos vasculares. Todo ello se asocia a un
índice cardiaco y del consumo miocárdico de oxígeno.
-
Efectos respiratorios.
Hiperreactividad de las vías aéreas y redistribución de la
perfusión pulmonar, trastornos de la relación ventilación
perfusión.
-
Los efectos cerebrales,
son aumento del consumo de oxígeno cerebral, del flujo
cerebral, de la presión intracraneal y de la presión
intraocular.
-
Función respiratoria. Debido a las
desventajas anatómicas de la vía aérea inferior y de la
pared torácica, el esfuerzo respiratorio de los neonatos
requiere un metabolismo mayor en el orden de 4-6 ml/Kg./min.
Debido a este nivel metabólico acelerado en los lactantes,
existen marcadas diferencias, en la frecuencia respiratoria
y como consecuencia en la ventilación alveolar. Los pulmones
del lactante tienen menos reserva de oxígeno que los
adultos. Esto hace que los lactantes desarrollen hipoxia o
hipoxemia más rápidamente que el adulto.
-
Manejo clínico. El manejo de la
vía aérea en el niño demanda una historia clínica y examen
físico completo. La historia clínica debe incluir cualquier
exposición previa a la anestesia concentrando su atención en
el manejo de la vía aérea, intubación difícil o de cirugía
previa cancelada, intubación prolongada o de crup
postoperatorio. Se debe investigar antecedentes de
obstrucción respiratoria o de apnea del sueño. El examen
físico debe concentrarse en la vía aérea y en los sistemas
respiratorio y cardiovascular, presencia de respiración
oral, frecuencia respiratoria, condición dental, tamaño de
la lengua y evidencia de dificultad respiratoria, estridor
aleteo nasal, retracciones, quejido, ansiedad etc. El tamaño
de la mandíbula, la capacidad de abrir la boca y extender el
cuello.
III.
RETIRADA DE LA VENTILACIÓN MECÁNICA. DESTETE.
Cuando se
inicia el soporte ventilatorio (SV) a través de una vía aérea
(VA) invasiva, la meta primaria que debe prevalecer en la mente
del equipo que atiende al paciente, es la de iniciar al mismo
tiempo la preparación y evaluación continua del paciente para el
destete y retirada del SV. En general, se aceptan como
indicaciones para el establecimiento de una vía aérea artificial
(VA): 1. Mantenimiento de la permeabilidad de la VA superior; 2.
Protección de la VA inferior; 3. Aplicación de soporte
ventilatorio; 4. Facilitar la expulsión de secreciones de la VA.
Igualmente las indicaciones para el Soporte Ventilatorio (SV)
son: 1. Apnea; 2. Insuficiencia ventilatoria aguda; 3.
Insuficiencia ventilatoria inminente; 4. Hipoxemia refractaria.
Sin embargo, no hay un protocolo unánime de destete de SV, pero
si la conformidad de que éste deberá estar basado en
parámetros aceptados que incluyan la valoración de un adecuado
intercambio gaseoso y reflejo protector, fuerza muscular,
mecánica pulmonar, manejo adecuado de secreciones, etc.
Debemos distinguir entre “Destete”, que es el proceso de
retirada de la ventilación mecánica que culmina con la
extubación y normalización del eje farinfolaringotraqueal;
“Desconexión o Weaning”, que se refiere al período de prueba de
respiración espontánea que puede terminar en extubación o
reconexión a la ventilación mecánica y “Extubación” que consiste
en la extracción programada del tubo endotraqueal.
Los objetivos que se pretenden con este proceso son, recuperar
la ventilación espontánea, retirar el tubo endotraqueal
(extubación), reducir las complicaciones inherentes a la
ventilación mecánica, eliminar las secreciones bronquiales por
parte del paciente mediante el mecanismo de la tos y la
expectoración sin necesidad de una vía aérea artificial y
aumentar el bienestar del paciente.
Los
criterios que el paciente debe cumplir para iniciar la retirada
de la ventilación mecánica y que deben ser comprobados
diariamente son los siguientes:
-
Evolución favorable del proceso que provocó la necesidad de
la ventilación mecánica.
-
Estabilidad hemodinámica y cardiovascular en ausencia de
fármacos vasoactivos, salvo dopamina a dosis renales. No es
aconsejable comenzar con frecuencia cardiaca mayor del valor
establecido como límite superior permitido (según la edad
del paciente) o cifras de hemoglobina (Hg) de 10 g/dl.
-
Ausencia de signos de sepsis y temperatura corporal menor de
38.5 º C.
-
Nivel
de conciencia adecuado, que permita la colaboración del
paciente. Una puntuación en la escala de Glasgow de 11 con
el paciente intubado puede ser un punto de referencia. El
delirio y la sedación profunda, así como la falta de sueño,
desaconsejan el inicio de la desconexión.
-
Relación Pa O2/FiO2, igual a la
anterior, en los 3-5 min. siguientes, se constatará la
presencia de los siguientes parámetros y sus
correspondientes niveles:
-
Frecuencia respiratoria (FR) menor de 35/min.
-
Fuerza muscular respiratoria adecuada: presión
inspiratoria máxima (PIM) menor de -20cm de H2O
-
Volumen corriente > 5ml/Kg.
-
Una
vez que el paciente cumple los criterios mencionados, se le
realizará el “Test de Ventilación Espontánea” que consiste
en una prueba de ventilación espontánea administrando
oxígeno suplementario y monitorizando la presencia de alguno
de los siguientes parámetros de intolerancia:
-
Frecuencia respiratoria > 35 resp/min.
-
Frecuencia cardiaca > límite superior permitido para
edad.
-
Saturación de Oxígeno < 90%
-
Agitación, diaforesis o bajo nivel de conciencia.
-
Si el
paciente supera un período de 2h (aunque recientemente se ha
demostrado que un período de 30 min. es suficiente) sin
presentar ninguno de los criterios de intolerancia, debe
procederse inmediatamente a la extubación.
-
Si
por el contrario presenta alguno de los criterios de
intolerancia, el paciente debe reconectarse a la ventilación
mecánica. En este caso nos encontraríamos ante un paciente
que requiere desconexión lenta y para ello puede utilizarse
alguno de los métodos de destete.
Métodos de destete
Existen diferentes métodos de retirada progresiva del respirador
al paciente, cuya utilización tiene como objetivo adaptarse a la
singularidad de cada paciente según la patología o causa que
desencadenó la ventilación mecánica:
Complicaciones de la Extubación
Las complicaciones más frecuentes proceden de la forma del
manejo de la vía aérea y la ventilación mecánica. Estas
complicaciones son de carácter respiratorio y la respuesta del
profesional debe ser distinta si se produce en un niño o en un
adulto. En los niños las complicaciones se presentan en forma de
broncoespasmos y los laringoespasmos. Los primeros son un cierre
de los bronquios o bronquiolos, lo que impide la entrada de aire
a los pulmones, mientras que los laringoespasmos son
contracciones de las cuerdas vocales tras la
extubación, después de una intervención quirúrgica,
por ello la formación específica resulta fundamental en el
manejo del paciente pediátrico y neonatal.
-
Hipoventilación
Las características anatómicas de la vía aérea
pediátrica predisponen a la obstrucción ventilatoria
con hipoventilación tanto en la intubación como en la
extubación. La incapacidad para coordinar la
deglución y la ventilación, la ubicación cefálica de las
estructuras laríngeas, el tamaño y posición de la lengua,
las desventajas fisiológicas para el rendimiento
ventilatorio de los recién nacidos y lactantes hacen que
durante la
extubación el aporte de oxígeno pueda ser
deficitario.
Los pacientes operados de paladar hendido pueden tener hasta
un 10 % de incidencia de apnea postextubación. De igual
manera los recién nacidos con menos de 36 semanas de
gestación tienen una mayor posibilidad de presentar esta
complicación.
El periodo postoperatorio esta asociado frecuentemente con
anormalidades de la función pulmonar clínicamente
importantes: disminución de los volúmenes pulmonares,
alteración en el intercambio gaseoso, depresión de la
función mucociliar, atelectasia etc. La mecánica
respiratoria después de la cirugía de tórax o de abdomen
superior, esta caracterizada por un patrón restrictivo, con
una severa reducción en la capacidad inspiratoria y en la
capacidad vital mas una reducción en la Capacidad Residual
Funcional.
Adquiere vital importancia la observación del patrón
ventilatorio que adopta el paciente, ya que es un indicador
de ventilación exitosa o de progresión hacia fallo
respiratorio. Un paciente con ventilación espontánea, con
movimientos asincrónicos de la caja torácica y el abdomen,
tiene el llamado Patrón Paradojal observado tanto por efecto
residual de algunos fármacos como por obstrucción de la vía
aérea superior. Este patrón paradojal es también causado por
fatiga muscular, donde en un intento por conservar energía
los músculos intercostales y el diafragma se contraen
alternativamente.
-
Respuesta cardiovascular a la
extubación
La
extubación con el paciente en un plano superficial de
anestesia, produce incrementos significantes de la
frecuencia cardiaca y de la presión arterial, que persisten
en el periodo de recuperación. La mayor parte de los
pacientes toleran sin inconvenientes los cambios
hemodinámicos que se presentan en la
extubación. Pero en aquellos con enfermedades
asociadas pueden sufrir complicaciones significativas.
Es por lo tanto razonable tratar de atenuar la respuesta
hemodinámica a la
extubación en pacientes con patología cardiovascular
o con reserva miocárdica limitada, para evitar disbalance
entre oferta y demanda de oxigeno. Los pacientes
neuroquirúrgicos frecuentemente muestran HTA en el
postoperatorio. En estos pacientes la autorregulación
vascular cerebral puede estar alterada, y un aumento súbito
de la presión arterial puede provocar un importante aumento
de la presión intracraneal, provocando disminución de la
presión de perfusión cerebral con la consiguiente isquemia
cerebral.
-
Espasmo laríngeo
El espasmo laríngeo es la respuesta exagerada del reflejo de
cierre de la glotis, por contracción de la musculatura
aductora de ésta, que produce obstrucción respiratoria a
nivel de las cuerdas vocales, con contracción simultánea de
la musculatura abdominal y torácica. Puede producirse
tanto en la intubación como en la
extubación.
Las causas que con más frecuencia lo producen son:
-
Inadecuado plano anestésico.
-
Estimulación mecánica con sustancias endógenas como
saliva, vomito, sangre, secreciones, etc.; o exógenas
como el agua presente en el circuito de ventilación, cal
sodada, el laringoscopio o la sonda de aspiración en
contacto con estructuras faríngeas o laríngeas.
-
Reflejos, por dilatación del esfínter anal, del canal
cervical, etc.
La incidencia de laringoespasmo aumenta hasta cinco veces en
presencia de infección respiratoria. El cierre de la glotis
es secuencial, y está relacionado con la intensidad y
duración del estímulo, y con la profundidad del plano
anestésico; pero una vez desencadenado el reflejo, el cierre
de la glotis se mantiene más tiempo de lo que dura la
estimulación.
El espasmo laríngeo puede ser clasificado en cuatro grados
en función del grado y duración de la oclusión:
-
Primer grado:
Es una reacción de protección normal con la aposición de
las cuerdas vocales debido a irritantes. Es el grado más
común, de menos riesgo y no requiere tratamiento.
-
Segundo grado:
Es una reacción de protección más extensa y duradera.
Los recesos aritenoepiglóticos están en tensión y
bloquean la visión de las cuerdas vocales. Cede llevando
la mandíbula hacia adelante y en pacientes sin
compromiso cardioventilatorio no suele producir
problemas serios.
-
Tercer grado:
Todos los músculos de la laringe y faringe están en
tensión, traccionando la laringe hacia la epiglotis.
Cambiar la posición de la cabeza puede liberar la
tensión, pero en muchos casos se requiere la
reintubación.
-
Cuarto grado:
La epiglotis está atrapada en la porción superior de la
laringe.
Cuando es incompleto se asocia con estridor inspiratorio y
se resuelve retirando el estímulo, profundizando el plano
anestésico, adecuando la posición de la vía aérea superior,
o espontáneamente al deprimirse la actividad refleja por la
presencia de hipoxia o hipercapnia.
Cuando es completo se puede requerir del uso de relajantes
musculares para su resolución dependiendo del compromiso del
paciente. La ventilación con presión positiva no puede
vencer el espasmo y agrava la obstrucción, distendiendo la
fosa piriforme en ambos lados de la laringe y presionando
los recesos aritenoepiglóticos hacia la línea media. El gas
vence la resistencia del esfínter esofágico superior y pasa
al estómago, provocando elevación del diafragma disminuyendo
la capacidad residual funcional y aumentando el riesgo
vómito y aspiración al resolverse el espasmo.
En cualquier caso el mejor tratamiento del espasmo de glotis
se basa en su prevención (evitar los elementos irritantes,
adecuado plano anestésico y maniobras de
extubación suaves, correcta elección del momento de
la
extubación etc.) y oxigeno en altas concentraciones.
-
Broncoespasmo
El broncoespasmo es otra complicación muy común asociada a
la
extubación. Se desencadena por la estimulación
laringotraqueal o por la liberación de histamina muchas
veces asociada a medicación anestésica o a reacciones de
hipersensibilidad. La traquea y la carina son las zonas más
sensibles a la estimulación, aunque con un estímulo de
suficiente intensidad sobre la laringe y la glotis también
se puede producir broncoespasmo.
El diagnostico debe descartar la presencia de obstrucción
mecánica (cuerpo extraño, secreciones, sangre, etc.) ante la
existencia de roncus y sibilancias con predominio
espiratorio, disminución en el volumen corriente, aumento de
la presión en la vía aérea o uso de la musculatura
accesoria.
-
Edema subglótico postextubación (ESPE).
El término crup define a un grupo de entidades agudas
caracterizadas por tos ruidosa, metálica, de tono alto, etc.
que es signo de obstrucción respiratoria extratorácica. En
la clínica
pediátrica se reconocen dos entidades nosológicas
diferentes con éstas característica:
-
Crup espasmódico, asociado a una reacción alérgica
contra antígenos virales o como parte del espectro del
asma.
-
Laringotraqueobronquitis, crup viral producido por los
virus influenza, rinovirus y sincitial respiratorio.
En el período postoperatorio, con un niño alerta y estridor
la causa más común de obstrucción extratorácica es el edema
subglótico postextubación. Es una de las complicaciones
relacionadas con la intubación más severa y frecuente.
La región subglótica es la zona más estrecha de la vía aérea
pediátrica y una pequeña disminución en su diámetro
genera un gran aumento en la resistencia al flujo y demanda
un gran trabajo respiratorio. Además la traquea del niño
sufre un colapso dinámico durante la inspiración, que se
acentúa con la presencia de obstrucción subglótica
extratorácica. En éstas condiciones, el ESPE, puede llevar
al paciente al fallo ventilatorio.
Existen algunos factores que se relacionan con la aparición
de ESPE:
-
Edad:
es más frecuente en niños entre 1 y 3 años.
-
Tamaño del tubo:
con tubos que cierran completamente la luz de la traquea
y no permite un pequeña pérdida de gas a su alrededor.
-
Intubación dificultosa o traumática.
-
Cirugía de cabeza y cuello.
-
Cambios de posición de la cabeza con el paciente
intubado.
-
Historia previa de crup, intubación o Edema subglótico
posextubación.
-
Trisomía del par 21.
El curso clínico es muy variable. Después de la
extubación el estridor se hace evidente dentro de las
2 h siguientes, con su pico máximo de severidad entre las 4
y 6 h.
El diagnóstico se realiza con la presencia de estridor,
retracción torácica, tos crupal y grados variables de
obstrucción ventilatoria.
Se debe hacer diagnóstico diferencial con lesión del
recurrente, lesión de las cuerdas vocales, luxación
traumática de los aritenoides, cuerpo extraño y edema de la
vía aérea superior secundario a reacciones de
hipersensibilidad.
El tratamiento consiste en adecuar la posición de la vía
aérea, oxígeno humidificado y calentado, nebulización con
adrenalina 0.5-5 mcgr/kg.
Si los síntomas no se corrigen con nebulizaciones cada 30
minutos o aparecen signos francos de hipoventilación y/o
hipercapnia, se debería reintubar para estabilizar la vía
aérea. El tubo seleccionado debe ser de una medida que
permita pérdida de gas con presiones inspiratorias de 20 a
30 cmh2o.
El uso de corticoides en la prevención y tratamiento del
ESPE sigue siendo muy controvertido. Las drogas más
comúnmente utilizadas son la Dexametasona 0.5-1 mg/Kg. y la
Hidrocortisona 10-20 mg/kg.
-
Trauma laríngeo y traqueal
Algunas complicaciones de la intubación no se hacen
presentes hasta la
extubación. El trauma de la laringe puede producir
luxación de los aritenoides o edema supraglótico. El edema
supraglótico produce desplazamiento posterior de la
epiglotis, reduciendo la luz de la glotis con estridor
inspiratorio. El edema retroaritenoideo produce disminución
de la movilidad aritenoides y menor aducción de las cuerdas
vocales en inspiración.
-
7.
Situaciones de alto riesgo de
extubación
Algunos pacientes se encuentran en riesgo frente a la
extubación debido a sus enfermedades de base, los
procedimientos quirúrgicos o las intervenciones anestésicas.
Su identificación, de la misma manera que sucede en
situaciones de probable intubación dificultosa, permite
realizar una intubación planificada con estrategias
individualizadas, reduciendo la aparición de complicaciones.
-
Falta de pérdida de aire peritubo
La intubación prolongada o algunas patologías como la
epiglotitis, el crup viral, epidermolisis bullosa, edema
angioneurótico, etc., pueden producir inflamación de la vía
aérea que no permite la pérdida de aire por fuera del tubo
endotraqueal.
Durante los primeros años de la década de los 90 se
describió el "test del manguito" que consiste en la oclusión
de la luz del tubo endotraqueal para evaluar el movimiento
de aire por fuera del mismo. La falta de pérdida de aire
peritubo es considerado un importante predictor de
requerimientos de intubación en pacientes con edema de la
vía aérea o intubación prolongada.
El manejo de esta situación tan frecuente puede variar desde
la traqueostomía electiva, la
extubación controlada bajo anestesia, el uso de
intercambiadores de tubo o la ventilación jet transtraqueal
en pacientes mayores. La evaluación cuidadosa y concertada
con todos los responsables del paciente es el paso previo
para la elección de la metodología a utilizar.
-
Cirugía de tiroides
La rama externa del nervio laríngeo superior inerva el
músculo cricotiroideo que es responsable de la movilidad de
las cuerdas vocales, y puede ser lesionado durante la
disección tiroidea. Aunque la parálisis bilateral de las
cuerdas vocales es muy rara, la tiroidectomía es su causa
más importante. Más frecuentemente se producen lesiones
unilaterales transitorias que no requieren traqueostomía.
La
extubación de los pacientes sometidos a cirugía
resectiva de tiroides requiere de la visualización previa de
la movilidad de las cuerdas vocales.
La hemorragia o el hematoma de cuello suele asociarse a
edema faríngeo y laríngeo. En estos casos el drenaje de la
herida puede no desobstruir la vía aérea por lo que se
impone la reintubación.
Los tumores avanzados pueden asociarse con malasia traqueal
por lo que puede presentarse colapso inspiratorio ante el
esfuerzo. En estos casos la
extubación en plano profundo puede ser una buena
medida de prevención.
-
Endoscopia respiratoria
Los pacientes sometidos a laringoscopias y endoscopios
respiratorias presentan un riesgo hasta 20 veces mayor de
sufrir obstrucción ventilatoria y requerir reintubación
luego del procedimiento. La alta frecuencia de
complicaciones se relaciona con la patología pulmonar
asociada y la estimulación de la vía aérea. Los pacientes
que requieren biopsia o instrumentación de las cuerdas
vocales, como los papilomas laríngeos, son los que presentan
el mayor riesgo.
-
11. Trauma maxilofacial
La obstrucción de la vía aérea es la principal causa de
morbilidad y mortalidad en este tipo de pacientes. Muchos de
ellos tienen asimismo trauma encefálico, de cuello o
fractura laríngea. La fijación del maxilar puede ser parte
de la terapéutica y se requiere intubación nasal o
traqueostomía.
La decisión del momento de
extubación puede ser complejo y debe ser
cuidadosamente planificado. Se debe tener en cuenta el nivel
de conciencia, la presencia de reflejos protectores, la
capacidad de mantener un adecuado intercambio gaseoso, la
dificultad para restablecer nuevamente la vía aérea, los
cambios potenciales de la vía aérea en las horas siguientes
a la
extubación, las características de la cirugía y el
daño de las estructuras faríngeas y laríngeas, etc. Es de
vital importancia evaluar el compromiso de otras estructuras
y órganos, en especial la magnitud del trauma encefálico, la
funcionalidad del tórax y del sistema ventilatorio.
Cuando se realice fijación de maxilar con alambres debe
contarse con un alicate para poder cortarlos en caso de
requerirse intubación oral de urgencia, y con un cirujano
que indique cuales son los que pueden liberarse.
En todos los casos es fundamental la comunicación con el
cirujano y el trabajo en equipo durante la
extubación. Asimismo se de suma utilidad la
evaluación con fibrobroncoscopio de las estructural
faringolaríngeas antes de la
extubación. También se debería contar con personal
entrenado para el acceso quirúrgico de la vía aérea, equipo
para realizar abordaje percutáneo de la traquea y sistema de
ventilación jet.
-
Movimientos paradójicos de las cuerdas
vocales
Es
una situación poco común que suele ser confundida con
bronquitis espasmódica o hiperreactividad bronquial. Las
cuerdas vocales se cierran en inspiración y se cierran en
espiración. Se presenta con cuadros recurrentes de estridor
acompañado de cianosis y grados variables de obstrucción de
la pequeña vía aérea. Cuando se sospecha el cuadro se debe
confirmar con laringoscopia directa o fibrobroncoscopia.
IV.
PROCEDIMIENTO Y CUIDADOS DE ENFERMERÍA EN LA EXTUBACIÓN
Equipo
y material.
-
Recursos Humanos.
-
Médico.
-
Dos enfermeras/os.
-
Auxiliar enfermería.
-
Recursos Materiales.
Procedimiento y Cuidados de Enfermería.
1.
Fase previa
Valoración inicial del paciente.
a) Neurológica.
-
Relación con el medio.
-
Nivel
de conciencia.
-
Nivel
de descanso.
-
Necesidad de sedantes y supresión de los mismos con
antelación suficiente al inicio del período de prueba.
b) Hemodinámica.
-
Frecuencia cardiaca.
-
Frecuencia respiratoria.
-
Presión arterial
c) Mecánica
ventilatoria.
-
Fracaso de la musculatura torácica.
-
Acumulación de secreciones.
-
tos
ineficaz.
-
Modalidad de ventilación.
-
Monitorización de la saturación de oxígeno y frecuencia
respiratoria.
-
Control de la presión arterial.
-
Control de frecuencia cardiaca.
-
Control del dolor y humedad de la piel y mucosas.
-
Informarle sobre las fases consecutivas que pueden
sucederse: cambios de modalidad, supresión del
ventilador, retirada del tubo endotraqueal.
-
Observar la reacción del paciente ante ese
procedimiento.
-
Proporcionar un ambiente adecuado y tranquilo.
-
De forma pasiva o incentivada: aerosoles, vibradores,
drenaje postural, posición correcta en la cama,
estimulación de la tos, ejercicios inspiratorios, etc.
-
Aspiración de secreciones por el tubo endotraqueal o
traqueostomía.
-
Colocar al paciente en posición de semi-Fowler o de
Fowler, según la edad del paciente y lo permita su
estado.
-
Utilizar sistemas de humidificación.
-
El método a seguir será cualquiera de los referidos
anteriormente y siempre bajo criterio y prescripción
facultativa.
-
Control de las constantes vitales.
-
Presión arterial
-
Frecuencia cardiaca, respiratoria.
-
Saturación de oxígeno,
-
Aparición de agitación y diaforesis.
-
Disminución del nivel de conciencia.
-
Obtención de gasometría arterial tras un intervalo de
tiempo en desconexión y según orden médica.
-
Registrar la extracción de ese control.
-
En algunas ocasiones se realiza un control espirométrico
mediante espirómetro siempre conectado al TET o cánula
de traqueotomía.
-
Si el paciente se cansa, avisar al médico y si éste lo
indica, reconectar nuevamente al paciente si se detecta:
-
Existencia de fatiga.
-
Aumento de la utilización de los
músculos respiratorios accesorios.
-
Disminución del volumen corriente.
-
Mala postura del paciente.
-
Aparición de cualquier otro criterio
de interrupción del destete.
-
Si el paciente está cómodo y estable, esperar a recibir
los resultados de la gasometría.
-
Si existiera alteración de los valores gasométricos
(acidosis, hipoxia, hipercapnia,...), avisar al médico y
reconectar al paciente, si este lo indica.
-
Esperar a una nueva prueba de desconexión cuando el
médico lo indique.
-
Si los valores gasométricos no están alterados,
comunicar al médico.
-
Valorar nuevamente el estado clínico y hemodinámico del
paciente.
-
11. Registrar cada prueba de destete, así como la
reconexión del paciente y los motivos o alteraciones que
la causaron.
-
Si el paciente tolera la desconexión, proceder a la
técnica de extubación.
2.
Fase de extubación y
postextubación
-
Informarle sobre las fases consecutivas del proceso para
lograr su colaboración en la medida de lo posible.
-
Observar la reacción del paciente ante ese
procedimiento.
-
Proporcionar un ambiente adecuado y tranquilo.
-
Preparar todo el material necesario para la intubación
ya que si el paciente no tolera la extubación será
necesaria la reintubación de urgencia. Prestar especial
atención al material de RCP y bolsa de reanimación
manual.
-
Revisar el sistema de aspiración, sistema de vacío,
bolsa recolectora, presión de succión,...
-
Comprobar el caudalímetro de oxígeno y sistema
humidificador.
-
Colocar al paciente en posición de Fowler, siempre que
su proceso se lo permita y procurando que esté lo más
cómodo posible.
-
Suspender la alimentación (nutrición enteral) y aspirar
el contenido gástrico.
-
El paciente permanecerá a dieta absoluta tras la
extubación y se reiniciará la alimentación cuando el
médico lo indique, una vez se haya estabilizado el
patrón respiratorio. Si el paciente es portador de SNG,
esta permanecerá abierta y conectada a una bolsa
recolectora a caída libre.
-
Tomar las constantes antes de la realización de la
técnica y después de esta.
-
Valorar y registrar el nivel de conciencia siguiendo la
escala de Glasgow o similar (dependiendo de la edad del
paciente), la reactividad y el tamaño pupilar.
-
Algunos autores recomiendan la hiperoxigenación del
paciente con oxígeno al 100% durante 2-3 min. antes de
realizar la extubación. En otros estudios no se
aconseja.
-
Aspiración de las secreciones del árbol
traqueo-bronquial y de la orofaringe.
-
Se administra ventilación manual con la bolsa de
resucitación manual y reservorio al mismo tiempo que
otro miembro del equipo desinfla el balón de
neumotaponamiento con una jeringa.
-
Se introduce la sonda de aspiración dentro del tubo,
situando el extremo distal de la misma más progresado
que el final del tubo endotraqueal. Pero también se
puede realizar la aspiración antes de la extubación y
después de haber retirado el tubo, en la zona de la boca
y la nasofaringe.
-
Se retira la sujeción del tubo y se pide al paciente que
realice una inspiración profunda para retirar el tubo
finalmente en la espiración de forma suave, contínua y
firme.
De ésta manera se genera un acceso de tos
artificial con el circuito de ventilación, para eliminar
las secreciones que pudiera arrastrar el tubo
endotraqueal. En niños esta maniobra puede complicar la
extubación dejando las secreciones del tubo sobre
las cuerdas vocales y generando un espasmo de glotis. Es
importante recordar que la base de la lengua está muy
cerca de la epiglotis y de las cuerdas vocales, por lo
que las secreciones impulsadas durante la
extubación no caen en la fosa piriforme y son
deglutidas, sino en la región con más receptores de la
vía aérea.
-
En pacientes y niños, en los que no se puede solicitar
su colaboración, será el personal que realiza la técnica
de extubación, el encargado de realizar mediante la
bolsa de resucitación una insuflación manual
(correspondiendo a una inspiración profunda del
paciente) y retirar el tubo en esta fase, favoreciendo
así con el flujo de aire creado en la espiración la
eliminación de las posibles secreciones que éste pudiera
arrastrar y evitando que queden en las cuerdas bucales.
-
Administrar oxígeno en mascarilla facial, gafas o carpa,
según las necesidades del paciente.
-
Vigilar al paciente en todo momento, valorando en cada
momento del proceso de extubación y postextubación: la
saturación de oxígeno, frecuencia cardiaca y
respiratoria, aparición de diaforesis, cianosis,
agitación, aleteo nasal, incoordinación toracoabdominal,
aumento del trabajo respiratorio, etc.
-
Explicarle al paciente (cuando sea posible) que debe
hablar lo menos posible, respirar profundamente y estar
tranquilo.
-
Realizar fisioterapia respiratoria tras la extubación,
insistiendo en la tos asistida y expectoración, los
movimientos respiratorios profundos y la espirometría
incentivada.
-
Permanecer cerca del paciente para detectar las posibles
complicaciones que pudieran presentarse.
V. Conclusiones
El concepto de
extubación estratégica parece ser una extensión
lógica de las estrategias de intubación, ventilación mecánica y
retirada progresiva de la ventilación. Aspectos claramente
evidentes en pacientes con dificultades en la intubación, con
patología cardioventilatoria, aumento de la presión
intracraneal, aumento de la presión intraocular o con
posibilidades de desarrollar algunas de las complicaciones
específicas después de la extubación. Esta ha de consistir en
permitir el aporte e intercambio de oxígeno, mantener permeable
y proteger la vía aérea, aún cuando la
extubación haya fallado
Como hemos visto, existen diferencias importantes entre las vías
respiratorias de niños y de los adultos. La anatomía difiere en
tamaño, forma y posición de la vía aérea misma. El epitelio del
conducto respiratorio y las estructuras que lo sostienen.
Asimismo las diferencias fisiológicas se originan en el
desarrollo anatómico, en los mecanismos de control respiratorio
y de protección del sistema ventilatorio. La maduración
estructural de vía aérea
pediátrica es continua desde la vida fetal hasta el
final de la adolescencia. La comprensión de las características
anatómicas y fisiológicas de la vía aérea
pediátrica, nos ayudarán a desarrollar estrategias
racionales para el manejo de la
extubación del niño normal o con enfermedades
agregadas.
La
extubación debe ser monitorizada al igual que la
intubación, ya que toda
extubación puede complicarse y es una potencial
reintubación. Se debe tener preparado y al alcance
el equipo adicional para resolver las posibles complicaciones
que pudieran presentarse. Cuando se intenta vencer un espasmo
laríngeo con presión positiva, lo único que se consigue es
cerrarlas más firmemente, y derivar el flujo de gas hacia una
zona con menor resistencia, el estómago. En el niño la porción
más estrecha se encuentra a la altura del anillo cricoides, por
lo que aún habiendo atravesado el tubo las cuerdas vocales puede
detenerse en la región subglótica. La presencia de edema en la
región subglótica compromete mucho más al niño que al adulto. El
espasmo de glotis es una respuesta exagerada del reflejo de
cierre de la glotis. El diafragma y los músculos intercostales
del prematuro y del recién nacido son pobres en miofibras tipo I
por lo que cualquier condición que aumente el trabajo
ventilatorio, puede rápidamente generar fatiga muscular y llevar
a la falla respiratoria a éstos pacientes. Cualquier alteración
de la vía aérea que aumente el trabajo respiratorio, tubos
endotraqueales largos y finos, obstrucción de la luz del tubo,
disminución del diámetro de la vía aérea, etc. o disminución en
la performance de la musculatura ventilatoria (relajantes
musculares, anestésicos halogenados, etc.) hacen que la relación
aporte/demanda sea deficitaria y explica la rápida desaturación.
La decisión del momento de
extubación puede ser compleja y debe ser cuidadosamente
planificado. Hay que tener presente que el porcentaje de
extubación exitosa, nunca es predecible en un 100% y dependerá
de la experiencia del personal sanitario en el procedimiento,
del tiempo de intubación y de SV del paciente, así como de la
interpretación y aplicación de los criterios de destete y
extubación. Una forma de reducir la incidencia de reintubación
en pacientes que son extubados “bordeline”, de acuerdo a los
criterios ya mencionados, es con el apoyo de ventilación no
invasiva postextubación.
Las condiciones en las que se desarrolla la
extubación pueden poner en riesgo hasta la vida del
paciente. El personal sanitario que realiza estos procedimientos
debe estar especialmente formado y entrenado en estas prácticas.
Es muy importante enfatizar que no se ha manejado
satisfactoriamente la vía aérea hasta que el paciente ha sido
extubado de manera segura y puede mantener la ventilación por
sus propios medios.
"Ningún paciente muere por estar mal intubado, sino por estar
mal oxigenado"
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